La reciente decisión de la Administración Nacional de Medicamentos, Alimentos y Tecnología Médica (ANMAT) de prohibir una presentación específica de diclofenac generó dudas entre los usuarios. Si bien se trata de una de las drogas más utilizadas como analgésico, la medida no afectó a todas sus versiones, sino únicamente a un lote puntual de un laboratorio nacional, debido a una posible contaminación cruzada. Este tipo de acciones forman parte de los procesos de farmacovigilancia, mediante los cuales se controla la seguridad y calidad de los productos ya comercializados.
Aunque no es habitual que una droga sea completamente retirada del mercado, puede suceder cuando se detectan riesgos graves para la salud, efectos adversos inesperados o irregularidades en su producción. En otros casos, la desaparición de ciertos medicamentos se vincula a decisiones estratégicas dentro del sistema de salud, como la desinversión: dejar de usar tecnologías o fármacos que ya no resultan efectivos o rentables frente a opciones más nuevas.

Un ejemplo reciente fue el caso de la ranitidina, una molécula ampliamente recetada para tratar afecciones gástricas. Su comercialización se suspendió preventivamente en 2020, tras detectarse impurezas que podrían tener potencial carcinogénico. Otro caso emblemático es el de la efedrina, cuya circulación fue restringida en 2008 por su utilización ilegal en la elaboración de drogas sintéticas. En ese entonces, se establecieron estrictas condiciones para su uso profesional exclusivo y solo en determinados contextos clínicos.
Los controles también abarcan errores de fabricación o etiquetado. Durante 2024 y 2025, la ANMAT ordenó el retiro de distintas presentaciones de medicamentos como morfina, propofol, cannabidiol, ampicilina con sulbactam, y gluconato de potasio, entre otros. Las causas incluyeron problemas de envasado, alteraciones en la coloración, contaminación cruzada, presencia de partículas extrañas o errores en la información impresa. En todos los casos, se trató de lotes específicos, sin afectar al principio activo en sí.

Además del reemplazo por versiones más seguras o eficaces, también existe el fenómeno de abandono progresivo de ciertos medicamentos. Por ejemplo, la glibenclamida —un hipoglucemiante de amplio uso— ha sido gradualmente reemplazada por la gliclazida, que ofrece mejor tolerancia.
Uno de los casos más trágicos y conocidos a nivel mundial fue el de la talidomida. En la década de 1950 se administraba a mujeres embarazadas para calmar náuseas, lo que derivó en miles de nacimientos con graves malformaciones. Este episodio marcó un antes y un después en las regulaciones de seguridad de los fármacos. Aunque hoy en día su uso no está prohibido, se encuentra estrictamente controlado y solo se utiliza en tratamientos específicos, bajo normas muy estrictas para evitar embarazos.