A partir de este domingo 1 de marzo, las estaciones de servicio de todo el país aplicaron un nuevo incremento en el precio de los combustibles. El ajuste, que en promedio ronda el 4,5% según informaron las petroleras, se siente con fuerza en el bolsillo de los conductores y amenaza con replicarse en toda la cadena de costos.

En la Ciudad de Buenos Aires, la nafta súper de YPF sube a $1.345 por litro, mientras que la infinia alcanzará los $1.620. Por su parte, el gasoil grado 2 se ubicó en $1.390, con variaciones similares en otras marcas como Shell y Axion. Las empresas argumentaron que la medida responde a la necesidad de sostener el abastecimiento ante la devaluación mensual del peso (crawling peg) y el traslado a precios de los nuevos impuestos al combustible líquido (ICL) y al dióxido de carbono, actualizados por la inflación.

Además de estos índices locales, retumba desde lejos otro factor: el precio en surtidor podría experimentar nuevas y más bruscas variaciones en las próximas semanas debido a la creciente tensión geopolítica entre Irán, Estados Unidos e Israel, que se profundizó y mantiene al mundo en vilo tras la muerte del líder supremo iraní Ali Khamenei. Dado que el mercado local ya refleja una brecha con los valores internacionales, cualquier salto en la cotización del barril impacta de lleno en los costos de importación de energía y en el valor final que las petroleras trasladan a los surtidores.

