Hoy se cumplen 43 años de la muerte de Bob Marley, el ícono del reggae cuya música y mensaje de paz trascienden generaciones. Su fallecimiento, el 11 de mayo de 1981, marcó el fin de una lucha contra un cáncer que comenzó de la manera más inesperada: un pisotón en un partido de fútbol.

En 1978, durante un amistoso en Europa, un periodista le pisó el dedo gordo del pie, provocándole un dolor insoportable. Los médicos descubrieron un melanoma maligno y le recomendaron amputar el dedo, pero Marley, fiel a sus creencias rastafaris, se negó. Tres años después, el cáncer se había extendido a su cerebro, pulmones, hígado y estómago.
Pese a someterse a tratamientos extremos —incluidos los del polémico doctor Josef Issels, exmédico nazi—, su estado empeoró. En sus últimos días, un avión lo llevó a Miami, donde falleció a los 36 años.
Su legado, sin embargo, sigue más vivo que nunca. Canciones como "One Love", "No Woman, No Cry" y "Redemption Song" son himnos de resistencia, amor y libertad. Marley no solo popularizó el reggae, sino que convirtió su música en un símbolo de lucha contra la violencia. Su espíritu rebelde y su mensaje universal de paz aseguran que su estrella nunca dejará de brillar.


