El mercado energético global reaccionó este lunes con un brusco descenso en las cotizaciones internacionales del petróleo tras la decisión del gobierno de Estados Unidos de pausar temporalmente los ataques militares contra objetivos en Irán. La medida, confirmada por el embajador estadounidense ante las Naciones Unidas, Mike Waltz, busca abrir un margen para negociaciones diplomáticas tras dos semanas de escalada militar.
El freno de las hostilidades descomprimió la presión alcista acumulada sobre el crudo, que durante los días previos amenazó con consolidarse por encima de los tres dígitos debido a los riesgos sobre el transporte de combustibles en las principales arterias marítimas de Medio Oriente. El retroceso genera un respiro momentáneo para las proyecciones inflacionarias de la Reserva Federal (Fed), aunque el sector opera con cautela.

Los aspectos centrales del escenario operativo y comercial comprenden:
Ajuste en los precios de referencia: El barril de WTI cayó u$s 6,01 posicionándose en torno a u$s 83,30, mientras que el Brent retrocedió fuerte cotizando por debajo de los u$s 90.
Persistencia del riesgo logístico: Pese al cese del fuego, el tránsito por el estrecho de Ormuz sigue resentido. Datos de transporte de la firma Kpler señalan que transitaron menos de diez buques de materias primas por día durante el fin de semana.
Posturas contrapuestas: Mientras que la diplomacia estadounidense busca instalar un marco de tregua, voceros del Ministerio de Asuntos Exteriores de Irán sostienen que no han solicitado la reapertura formal de conversaciones de paz, manteniendo la tensión por el control del paso marítimo.
Impacto en los mercados financieros: El descenso del crudo impulsó subas en las acciones de Wall Street y plazas europeas, al tiempo que alivió el precio del oro y las expectativas de alza de tasas de interés de cara a las próximas decisiones del banco central estadounidense.
Analistas del sector advierten que la baja en la cotización responde al desarme temporal de posiciones defensivas y que una estabilización duradera requerirá la normalización del tráfico de superpetroleros y un acuerdo político firme en el Golfo Pérsico