La recaudación del Estado no solo atraviesa una caída sostenida, sino que además evidencia un cambio estructural: crece el peso de los impuestos al consumo y al trabajo, afectando principalmente a los sectores medios y bajos.
En este escenario, distintos informes advierten que el sistema tributario argentino se vuelve cada vez más regresivo, ya que no todos los contribuyentes aportan en la misma proporción. Mientras algunos tributos pierden relevancia, otros ganan terreno en la estructura fiscal.
Uno de los casos más claros es el del IVA, que ya representa cerca de la mitad de la recaudación nacional. Al tratarse de un impuesto que grava el consumo, impacta con mayor fuerza en quienes destinan la mayor parte de sus ingresos a gastos básicos.

En contrapartida, impuestos con mayor capacidad redistributiva muestran fuertes caídas. El Impuesto a los Bienes Personales retrocedió un 81% respecto a 2023, reduciendo significativamente su participación. Este tributo, orientado a gravar los patrimonios más altos, perdió peso tras los cambios fiscales recientes.
Algo similar ocurre con los derechos de exportación, cuya recaudación cayó un 38% interanual en el primer trimestre, en parte por la reducción de alícuotas a productos clave como soja, trigo y maíz.
Al mismo tiempo, otros tributos siguen en alza. El impuesto a los combustibles creció un 18% interanual, trasladando el impacto directamente a los consumidores a través de los precios.
El deterioro del mercado laboral también influye en esta dinámica. En el último período se perdieron más de 240.000 empleos registrados, mientras aumentó la cantidad de contribuyentes bajo el régimen de monotributo, con más de 150.000 nuevos inscriptos.
Este fenómeno no solo refleja una mayor precarización laboral, sino que también impacta en la estructura impositiva. La participación del monotributo en la recaudación total se duplicó en un año, pasando del 0,4% al 0,8%.
En conjunto, estos cambios consolidan una matriz tributaria cada vez más dependiente de impuestos que recaen sobre el consumo y los ingresos, mientras disminuye la carga sobre los sectores de mayor capacidad contributiva.
A su vez, la caída general de la recaudación tiene consecuencias directas. Menores ingresos implican menos recursos para financiar salud, educación e infraestructura, además de generar tensiones en las finanzas provinciales.
Según datos oficiales, la recaudación acumuló ocho meses consecutivos de caída, con un retroceso del 7% real en el primer trimestre y del 9,4% frente a 2023, marcando el nivel más bajo desde 2010 para ese período.
Para los especialistas, el eje del problema no es solo fiscal, sino también distributivo. La forma en que se estructura el sistema impositivo define cómo se reparte el esfuerzo en la sociedad.
En ese marco, el debate central vuelve a instalarse: quiénes pagan los impuestos en Argentina y bajo qué criterios. Una discusión clave para entender el impacto del modelo económico sobre la desigualdad social.