Luego de su baja en las primeras semanas de enero, el dólar mayorista se ubica en 1.427 pesos, similar a los niveles de septiembre y noviembre del año pasado. En ese período, la inflación acumuló otro 10%, lo que profundiza el atraso cambiario y deja al tipo de cambio real por debajo de los 93 puntos, frente a los 104 de fines de septiembre.
El inicio del nuevo esquema cambiario, con bandas que ajustan más rápido que la inflación, sorprendió al mercado, que esperaba una suba constante del dólar. Sin embargo, la baja nominal de la divisa y la aceleración de la banda superior aumentaron la brecha al 8,9%, su nivel más alto desde octubre.

Los analistas señalan que este atraso se mantendrá en los próximos meses gracias a varias condiciones: la política deliberada del Banco Central de acumular reservas mediante compras en bloque, el carry trade que incentiva la inversión en pesos y la estabilidad relativa en la colocación de deuda por parte de empresas.
Otros factores que contribuyen a mantener el dólar estable son la buena cosecha de trigo y los altos precios de la commodity, la continua colocación de deuda empresarial que genera oferta de divisas, y la fortaleza relativa de las monedas latinoamericanas frente al dólar a nivel global.
El resultado de esta combinación es un tipo de cambio planchado, que si bien protege ciertas reservas, también genera incertidumbre sobre la reactivación económica, el empleo y el poder adquisitivo de los argentinos. La expectativa es que la estabilidad se mantenga al menos durante los próximos dos o tres meses, mientras el Banco Central consolida su nuevo esquema cambiario y la economía enfrenta la temporada alta de turismo emisivo.