En medio de una fuerte caída del consumo, vuelven las 12 cuotas sin interés en indumentaria como una herramienta para intentar reactivar las ventas en uno de los sectores más golpeados de la economía. La medida, impulsada por el Banco Central, busca facilitar el acceso al crédito y estimular la demanda en un mercado que atraviesa una crisis profunda.
La modalidad de financiamiento, que inicialmente se había extendido en rubros como tecnología y bienes durables, ahora alcanza con mayor fuerza al sector textil, que enfrenta un escenario crítico tras una fuerte baja en las ventas. Comercios y marcas apuestan a los pagos en cuotas para sostener la actividad durante la temporada otoño-invierno.

Sin embargo, el impacto de la medida genera dudas. El elevado costo financiero y el aumento de la morosidad en tarjetas de crédito limitan su efectividad. Aunque las cuotas representan un incentivo para el consumo, también implican mayores riesgos tanto para las entidades financieras como para los comercios.
El panorama del sector es complejo: en los últimos años cerraron miles de locales y empresas, reflejo de una caída sostenida del poder adquisitivo y de un mercado con baja demanda. En este contexto, las cuotas aparecen más como un recurso de emergencia que como una solución de fondo.
Además, muchos comercios deben absorber parte del costo financiero, lo que reduce aún más sus márgenes de rentabilidad. Esta situación es especialmente crítica para las pequeñas y medianas empresas, que enfrentan altos costos operativos y dificultades para trasladar esos gastos a los precios finales.
A esto se suma un problema estructural: la pérdida de ingresos de los consumidores. Aunque el financiamiento puede aliviar parcialmente la caída en las ventas, no logra revertir la raíz del problema, que radica en la falta de poder de compra.