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CINE EN EL CIELO

(VIDEO) Un King Kong de drones se trepó al Empire State

Una impactante coreografía aérea iluminó el cielo de New York al recrear, con cientos de drones, la mítica escena de King Kong sobre el Empire State. Tecnología, nostalgia y espectáculo en una propuesta que fusiona lo clásico con lo futurista.

king kong drones

En la ciudad que nunca duerme, el cielo fue, una vez más, el escenario de una historia conocida. Esta vez, sin actores ni efectos especiales de computadora, sino con una flota perfectamente sincronizada de drones luminosos. Sobre el Empire State Building, uno de los íconos de Nueva York, una multitud presenció una recreación mágica: King Kong volvió a trepar el rascacielos, con aviones rodeándolo y el gorila gigante rugiendo en medio de las luces nocturnas. Todo hecho con tecnología de punta.

El espectáculo, compartido masivamente en redes sociales, fue parte de una intervención artística en la que cientos de drones programados dibujaron en el cielo distintas escenas de la clásica película de 1933. Entre ellas, el momento más famoso: el gigantesco simio aferrado al edificio mientras los aviones lo atacan. La imagen, reconstruida con precisión y creatividad, despertó aplausos y emoción entre los espectadores.

Este tipo de eventos se está volviendo cada vez más común en grandes ciudades del mundo. Los shows de drones no solo ofrecen un despliegue visual impresionante, sino que también representan una alternativa sustentable a los fuegos artificiales tradicionales: sin estruendos, sin contaminación y con una precisión milimétrica que permite contar historias desde el aire.

En esta ocasión, la tecnología sirvió para traer de vuelta un ícono del cine y la cultura pop, en una suerte de homenaje que conectó a varias generaciones. La elección del Empire State no fue casual: ese edificio fue parte de la primera aparición cinematográfica de King Kong, y desde entonces, ambos están unidos en el imaginario colectivo.

Más allá del despliegue técnico, el evento logró lo más difícil: sorprender a una ciudad acostumbrada a todo. Por unos minutos, Nueva York miró hacia arriba y volvió a creer en los monstruos gigantes... aunque esta vez, hechos de luz.