En Mendoza hay voces que uno reconoce al instante. Una de ellas es la de Oscar “Michi” Araujo. No hace falta demasiada presentación: en muchas casas alcanza con decir “poné la radio que está el Michi” para que la tarde cambie de ánimo.
Hoy su lugar en el dial está en Estación Zafiro 89.5, “la radio que vuelve a ser radio”, donde la siesta de lunes a viernes y la tarde del sábado llevan su sello: música de ayer, de hoy y de siempre, saludos, recuerdos y la sensación de estar entre amigos.

Su estilo es sencillo y cercano. Lo suyo es la charla de siempre, el “¿cómo están del otro lado?” que suena de verdad, el comentario justo entre canción y canción, la anécdota de un baile en un club o de un cumpleaños familiar.
En tiempos donde la pantalla parece haber tapado todo, el Michi sigue defendiendo el valor clásico de la radio: un locutor, un micrófono y la sensación de que alguien te está hablando a vos.

Su historia arriba de los escenarios empezó casi de casualidad. De chico jugaba al fútbol, pero la vida lo fue llevando hacia el micrófono. Su hermano ya era locutor de orquestas y bandas, y un día lo llevó al fortín de La Consulta. Antes, en el Parque Ortega, había hecho propaganda de una famosa marca de helados, al borde del escenario.
Esa primera vez que se animó a subir, a presentar a las bandas, gustó. Y ahí empezó todo. Después vinieron las noches de estudio y los días de trabajo, porque, como le decía su padre, “si te gusta salir y te gusta la fama, tenés que trabajar en el día”. Y él le hizo caso.

El apodo también tiene su historia. En los bailes iban a buscar “al Gato”, pero en la casa había dos: él y su hermano, con los mismos oficios. Para evitar confusiones, un amigo del barrio, también ligado a la música, lo rebautizó: “te vamos a empezar a llamar Michi, como a los gatos”. El sobrenombre quedó para siempre, y hoy es parte de la identidad de la radio mendocina.
Su primer gran salto fue a lo grande. Tenía apenas 17 años cuando, en un baile de carnaval en el Estadio Pacífico, faltó el locutor oficial. Esa noche actuaba Sandro, el ídolo del momento. “Hay que presentar a Sandro”, dijeron. Y alguien señaló al flaco que presentaba a la orquesta: el Michi.
Temblando como una hoja, lo anunció ante un mundo de gente. Al subir al escenario, Sandro tomó el micrófono, le dio un beso en la mejilla y le dijo: “gracias, maestro”. Oscar sintió que tocaba el cielo. Después vendrían Valeria Lynch, Dyango, Marco Antonio Solís, Joan Manuel Serrat, Gilda, Estela Raval, Los Cinco Latinos, el Gordo Porcel, Gary, Palito Ortega, el Puma Rodriguez y tantos más.

Una de las anécdotas que más recuerda es con Marco Antonio Solís, en el estadio de San Martín, una noche de lluvia y barro. Tenía que presentarlo elegante, con saco, pero quedó prácticamente empantanado tratando de bajarse del auto. Terminó embarrado, de jean y zapatillas, pidiendo que no lo enfocaran mucho. Apenas empezó a hablar, el reflector lo buscó igual. Detrás de la cortina, el propio Solís y los músicos lo miraban, algunos tentados de risa, sin entender la odisea que había pasado para poder presentarlo. El show salió igual, como siempre: con profesionalismo, humor y oficio.

A lo largo de los años, el Michi fue la voz de la movida tropical en Mendoza. Dice que casi no le quedó artista importante sin presentar.
Recorrió escenarios, festivales -incluido el Romero Day y casi todos los grandes de la provincia- y sigue teniendo una cuenta pendiente: el Festival de la Tonada.
Mientras tanto, su lugar hoy está en el estudio de Estación Zafiro, donde la radio en vivo vuelve a ser protagonista y él es parte clave de esa apuesta.

Detrás del locutor hay una persona que siente la radio como una forma de vida. “Sueño con terminar en un escenario”, confiesa. Y cuando le preguntan cómo quiere que lo recuerden, responde simple: “Como un amigo más, que trata de divertirlos, entretenerlos y acompañarlos”. También admite que hubo quienes intentaron dañar su trayectoria, pero no pudieron. Su mejor defensa fue siempre la misma: el trabajo diario y el cariño de la gente.
Antes de cada programa, el Michi agradece el lugar que tiene. Reconoce especialmente a Marcelo Ortiz, por el espacio en la radio, y a cada oyente que lo deja entrar a su casa. Porque al final, su mayor logro no son las luces del escenario ni los artistas famosos que anunció, sino algo más profundo: haberse ganado un lugar en el corazón de Mendoza.

