El Monotributo volvió al centro del debate fiscal. En el marco de la reforma tributaria que analiza el Consejo de Mayo, se evalúa un rediseño integral del régimen simplificado con el objetivo de corregir distorsiones, aumentar la progresividad y ordenar el paso de los pequeños contribuyentes al sistema general de impuestos.
El diagnóstico que comparten distintos sectores es que el Monotributo dejó de cumplir su función original. Pensado como una herramienta de inclusión para personas con baja capacidad contributiva, hoy concentra a más de tres millones de inscriptos, entre los que conviven realidades económicas muy dispares.
Uno de los ejes centrales de la propuesta es limitar el Monotributo a las categorías más bajas, dejando el régimen reservado al Monotributo Social y a los tramos iniciales. Para quienes hoy se ubican en las categorías más altas, el planteo es crear un esquema de transición gradual que evite el “salto al vacío” entre el régimen simplificado y el pago pleno de IVA y Ganancias.

Entre las alternativas en estudio aparece la posibilidad de aplicar una alícuota fija sobre la facturación, como mecanismo intermedio, que permita unificar criterios y reducir los incentivos a permanecer artificialmente dentro del Monotributo. La idea es que el contribuyente pueda crecer sin quedar penalizado por el sistema.
Otro punto que genera consenso es la simplificación extrema del régimen. El documento en análisis propone eliminar parámetros como superficie del local, consumo eléctrico o monto de alquileres, al considerar que no reflejan adecuadamente la capacidad económica real y generan complejidad innecesaria.
También se evalúa restablecer figuras impositivas intermedias para profesionales que realizan aportes previsionales por fuera del sistema general, con esquemas que permitan facturar sin crédito fiscal pero tributando Ganancias de manera plena, y con límites de facturación y empleo más amplios que los actuales.
Desde las provincias, el sector industrial y el ámbito legislativo coinciden en que la reforma del Monotributo no puede discutirse de forma aislada. El rediseño debería articularse con cambios en IVA, Ganancias, contribuciones patronales y el sistema previsional, para lograr un esquema más simple, equitativo y sostenible.
El consenso que surge del debate es claro: el Monotributo dejaría de ser un refugio fiscal para contribuyentes de mayor escala y pasaría a integrarse a un sistema más progresivo, con reglas previsibles y mecanismos que acompañen el crecimiento sin castigos impositivos abruptos.


