El operativo militar que terminó con la muerte de Nemesio Oseguera Cervantes, conocido como “El Mencho”, marcó un punto de inflexión en la lucha contra el narcotráfico en México. El jefe del Cártel Jalisco Nueva Generación fue abatido tras un enfrentamiento en la sierra de Jalisco, luego de más de tres décadas de actividad criminal y una persecución internacional que lo convirtió en uno de los delincuentes más buscados del mundo.
La noticia provocó una reacción inmediata del grupo criminal, que desplegó bloqueos, incendios de vehículos y tiroteos en al menos siete estados. Las acciones paralizaron rutas, afectaron aeropuertos y generaron temor en ciudades clave, como Guadalajara y Puerto Vallarta. El objetivo fue demostrar que la organización mantiene capacidad operativa pese a la pérdida de su líder.

El golpe fue celebrado por los gobiernos de México y Estados Unidos, que destacaron la cooperación bilateral en inteligencia como un factor decisivo. Sin embargo, especialistas advierten que la eliminación del jefe narco podría derivar en un aumento de la violencia en el corto plazo, debido a posibles disputas internas entre facciones del cartel.
La principal incógnita ahora es quién tomará el control del CJNG. Entre los nombres que aparecen en los informes de seguridad figuran Juan Carlos Valencia González y Hugo Gonzalo Mendoza Gaytán, aunque el grupo carece de un sucesor claro. Este escenario aumenta el riesgo de una fragmentación violenta, similar a la ocurrida en otras organizaciones criminales tras la caída de sus líderes.
La situación genera preocupación adicional por la cercanía del Mundial de Fútbol 2026, con partidos previstos en Guadalajara. Aunque las autoridades sostienen que el evento no está en riesgo, anticipan un refuerzo de los dispositivos de seguridad. Mientras tanto, la muerte de “El Mencho” deja abierta una nueva etapa en el narcotráfico regional, con incertidumbre sobre el impacto real en la estructura del crimen organizado.


