En el corazón de las montañas riojanas, Las Placetas sorprende a cada visitante con un paisaje fuera de lo común: un río amarillo que fluye entre piedras y praderas verdes. Ubicado a 2.600 metros sobre el nivel del mar, este destino mezcla lo agreste con el confort y la serenidad con la inmensidad.
El color del río Oro se debe a la oxidación del hierro que baja desde antiguas zonas de extracción minera. El contraste entre el agua dorada y el entorno natural convierte al lugar en una postal viva y cambiante, ideal para quienes buscan experiencias diferentes.

El acceso no es sencillo, pero vale la pena. Vehículos altos son recomendables para atravesar los cruces del río, pero cada curva regala vistas majestuosas. Las caminatas, el aire puro y el silencio invitan a un contacto íntimo con la naturaleza.

El complejo turístico, de arquitectura rústica y cálida, cuenta con ocho habitaciones, restaurante propio y una terraza suspendida sobre el río. Allí, ver el atardecer o escuchar el agua correr se vuelve una experiencia transformadora. La gastronomía se basa en productos locales y panes recién horneados que completan la propuesta.
Las Placetas no es solo un lugar, es una sensación: la de volver a lo simple, a lo esencial, y dejarse abrazar por la montaña.