Un reciente análisis de la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica (NOAA) encendió una señal de alerta: el océano Pacífico ecuatorial comenzó a mostrar signos persistentes de calentamiento, lo que podría derivar en el desarrollo del fenómeno de El Niño durante 2026. Este escenario debilita la posibilidad de que se consolide una La Niña de características plenas.
Los especialistas explican que no todo enfriamiento del Pacífico alcanza para clasificar un evento frío. Para que La Niña sea reconocida oficialmente, se requieren al menos siete meses consecutivos con anomalías negativas sostenidas en la temperatura de la superficie del mar en la región conocida como Niño 3.4. El enfriamiento observado hasta ahora sería débil y transitorio, por debajo de ese umbral.

El actual comportamiento del océano responde más a fluctuaciones temporales que a un patrón climático consolidado. Indicadores atmosféricos como el Índice de Oscilación del Sur reflejan la influencia de otros sistemas, sin una señal clara y sostenida típica de La Niña.
Los modelos climáticos, en especial los dinámicos que incorporan la física del sistema oceánico-atmosférico, proyectan que el Pacífico volvería a una fase neutral en los primeros meses de 2026. Incluso, algunas simulaciones anticipan que hacia la segunda mitad del año podrían alcanzarse valores compatibles con El Niño, con temperaturas del mar por encima del promedio histórico.
De confirmarse este escenario, el impacto sería global. El Niño suele asociarse a temperaturas más altas a escala planetaria, mayor frecuencia de olas de calor y alteraciones en los regímenes de lluvias. En ese contexto, el pronóstico del servicio climático europeo Copernicus , que ubica a 2025 entre los años más cálidos jamás registrados, refuerza la preocupación de los científicos por un 2026 marcado por condiciones climáticas extremas.


