El sector industrial finalizó 2025 con un desempeño negativo y un balance anual marcado por el estancamiento. Aunque los números acumulados del año muestran un leve crecimiento frente a 2024, este repunte se explica principalmente por la baja base de comparación, ya que la actividad industrial se mantiene alrededor de un 9% por debajo de 2023 y casi 10% por debajo de 2022.
El principal desafío sigue siendo la demanda interna, afectada por salarios rezagados y un consumo débil, mientras que solo algunos sectores específicos, como la cosecha y la refinación de petróleo, registran crecimiento. La producción vinculada a la construcción, la industria automotriz y la metalmecánica continúan mostrando caídas significativas. La apertura comercial y la competencia de bienes importados profundizan la presión sobre varias ramas productivas, incluyendo textil, calzado y bebidas.

El deterioro se refleja también en la pérdida de empleo: construcción e industria concentraron la mayor parte de los puestos de trabajo destruidos durante el año, en torno al 70% de la caída total. La concentración de empresas cerradas es mayor en los principales centros económicos del país, aunque regiones del norte y sur también sufren fuertes retrocesos en su tejido productivo.
El panorama para 2026 se mantiene reservado. La industria enfrenta riesgos vinculados a la débil demanda de los hogares y a la exposición frente a importaciones, mientras que los sectores con crecimiento generan pocos empleos. La recuperación industrial parece depender de un fortalecimiento del mercado interno y de un acceso más fluido al crédito productivo, pero por ahora no hay señales claras de un cambio de tendencia.