Un total de 4,3 millones de niños y adolescentes en Argentina no accedieron a una alimentación suficiente y adecuada durante 2024, según un relevamiento del Observatorio de la Deuda Social de la Universidad Católica Argentina (UCA). La inseguridad alimentaria trepó al 35,5%, uno de los valores más altos desde que se realiza la serie, solo por debajo del pico de 2020 durante la pandemia (37%).
Pese a que el Gobierno nacional actualizó la Asignación Universal por Hijo (AUH) y la Tarjeta Alimentar (TA) , el aumento de la pobreza, la precarización del empleo y la redistribución del gasto en los hogares empujaron a millones de familias a recortar la calidad y cantidad de alimentos destinados a sus hijos.

El empleo precario y la pobreza, factores clave del deterioro
El informe -elaborado por las investigadoras Ianina Tuñón y Valentina González Sisto- también indicó un aumento en la inseguridad alimentaria severa, que afecta directamente a los niños que pasan hambre: pasó del 14% al 16% en el último año.
Los datos muestran que los chicos que más sufren esta situación son los que viven en hogares pobres, con jefes de hogar inactivos, subempleados o con trabajos informales y precarios. La inseguridad alimentaria alcanzó el 40% en hogares con jefes inactivos; el 51% en hogares con subempleados o trabajos precarios; y el 49% en familias pobres. En los hogares monoparentales, el índice fue del 43%.
“La inseguridad alimentaria afecta de modo particular a hogares con jefes con inserción laboral precaria, monoparentales y numerosos (cinco o más miembros)”, indicó el informe. También se advirtió que el AMBA presenta niveles más altos que el interior urbano del país.

La AUH y la Tarjeta Alimentar ayudaron, pero no alcanzan
Uno de los puntos que destacó el informe de la UCA fue el impacto positivo que tuvo la combinación de la AUH y la Tarjeta Alimentar, programas que el Gobierno nacional mantuvo por encima del Índice de Precios al Consumidor (IPC). Por primera vez desde que se realiza esta serie, los datos estadísticos revelaron un efecto protector significativo frente a la inseguridad alimentaria.
“El informe reflejó cómo la AUH y la Tarjeta Alimentar muestran durante este año un efecto positivo. Aunque, por supuesto, es insuficiente, pero positivo estadísticamente, cosa que no había ocurrido en momentos anteriores”, explicó Tuñón.
Aun así, el deterioro generalizado en los ingresos de los hogares y la presión sobre el gasto en servicios básicos impactaron directamente sobre la calidad alimentaria de los niños. “Hay un cambio en la canasta de consumo de los hogares. La percepción es que el dinero ya no alcanza para mantener los estándares de vida anteriores”, agregó la especialista.