La combinación de calor sostenido, escasez de lluvias y condiciones ambientales extremas configuró un escenario de máxima peligrosidad para incendios forestales en Mendoza, según los últimos reportes técnicos difundidos por organismos nacionales especializados en monitoreo climático y manejo del fuego.
En este contexto, los mapas de riesgo elaborados por el Servicio Nacional de Manejo del Fuego ubican a la provincia dentro del grupo de jurisdicciones donde cualquier foco ígneo puede evolucionar rápidamente hacia un incendio de gran magnitud. La misma situación se replica en amplias zonas de Buenos Aires, Córdoba, La Pampa, San Luis, Santa Fe, Neuquén, Río Negro, Chubut y Santa Cruz.
De acuerdo con los análisis técnicos, la problemática excede el factor térmico. La sequía prolongada, la baja humedad de la vegetación y la acumulación de material combustible generan un entorno altamente vulnerable, especialmente en áreas rurales y forestales, donde el control inicial del fuego resulta más complejo.

Frente a este panorama, el Servicio Meteorológico Nacional (SMN) emitió una advertencia que insta a reducir al mínimo cualquier actividad que implique el uso de fuego, al tiempo que reforzó el pedido de responsabilidad social ante prácticas de riesgo que pueden derivar en incendios intencionales o accidentales.
En paralelo a las alertas climáticas, el Gobierno nacional avanzó con un endurecimiento del régimen de control y sanciones en zonas protegidas. La decisión incluye la prohibición total del uso de fuego en los Parques Nacionales Lanín, Nahuel Huapi, Los Arrayanes, Lago Puelo y Los Alerces, una medida de carácter preventivo que se mantendrá vigente hasta el 30 de abril de 2026.
Las autoridades aclararon que, ante la detección de infractores, se activarán procedimientos contravencionales y que, una vez acreditada la responsabilidad en la generación de incendios, se aplicará la máxima sanción prevista por la normativa vigente, en función del daño ambiental ocasionado.
Desde los organismos intervinientes remarcaron que la prevención resulta clave para evitar impactos irreversibles sobre los ecosistemas, la infraestructura y las comunidades, en un escenario donde Mendoza aparece como una de las provincias más expuestas al riesgo extremo de incendios forestales.