El Tratado de Aguas remonta sus origenes a la guerra entre México y Estados Unidos de 1846 -1848. El texto reglamenta el uso del río fronterizo (Bravo en México y Grande en Estados Unidos), además de fijar y delimitar los derechos de las dos repúblicas sobre los ríos Colorado y Tijuana.
En medio de tensiones comerciales, Donald Trump acusó a México de violar dicho Tratado y amenazó con imponer sanciones, argumentando que se ven agraviados los agricultores del sur Texas. Históricamente, el acuerdo ha generado protestas de campesinos mexicanos, quienes denuncian que las extracciones para EE.UU agravan la crisis hídrica y perjudica su vida.

Este año la Comisión Internacional de Límites y Aguas (CILA) confirmó que México no podrá cumplir con la entrega de 2,185 millones de metros cúbicos de agua acordados en el Tratado Internacional de Aguas de 1944, que concluye en octubre de 2025. Hasta ahora, solo se han transferido 600 millones, dejando un déficit de 1,520 millones que se sumarían al próximo ciclo, elevando la obligación a 3,705 millones.
Según argumentan funcionarios mexicanos no se trata de una falta de voluntad de cumplir el tratado, si no de un problema mayor, la sequía que asota la región. Datos del Monitor de Sequía revelan que el 58.5% del territorio mexicano sufre escasez hídrica, con focos rojos en el norte y noroeste.
La presidenta Claudia Sheinbaum respondió en X "México ha estado cumpliendo", y destacó que ya se presentó una propuesta de entrega escalonada, considerando la disponibilidad de agua. Reiteró que el tema se discute en mesas técnicas y calificó las declaraciones de Trump como "su estilo de comunicación".
El incumplimiento sin dudas aumenta las tensiones en ambos países, con repercusiones económicas y políticas en un contexto de guerra arancelaria entre Estados Unidos y China que mantiene en vela al resto del mundo y con escaza perspectiva de solución en un marco de estrés hídrico regional.


