Con la llegada de las bajas temperaturas, muchas familias retoman el uso de estufas y calefactores, lo que eleva el riesgo de intoxicación por monóxido de carbono, un gas altamente peligroso que no tiene olor, color ni sabor. Este compuesto puede acumularse en espacios cerrados y provocar consecuencias severas para la salud, incluso la muerte.
El uso de artefactos a combustión, junto con la costumbre de mantener ambientes herméticamente cerrados, favorece la presencia de este gas tóxico. Según explicó la Dra. Fernanda del Valle Saravia, médica de Boreal Salud, cualquier aparato que funcione con gas, leña, carbón, kerosén o nafta puede generar monóxido si la combustión es incompleta o hay poca ventilación.

Cada año, en Argentina, se reportan cerca de 200 muertes y más de 40.000 casos clínicos por intoxicación con monóxido de carbono, la mayoría totalmente evitables. Para prevenir, es fundamental revisar periódicamente las instalaciones de gas, ventilar los espacios a diario, evitar dormir con calefactores encendidos, instalar detectores de CO y reconocer síntomas como dolor de cabeza, mareos, náuseas y visión borrosa.
Los grupos más vulnerables ante esta exposición son niños, embarazadas, adultos mayores, fumadores y personas con enfermedades cardiorrespiratorias. La prevención y la atención temprana pueden marcar la diferencia entre una situación controlada y una emergencia médica.


