La misión técnica del FMI reprogramó su arribo a Argentina para finales de julio, aplazando la revisión que estaba prevista originalmente para el 13 de junio. Esta modificación responde a las dificultades del Gobierno para cumplir con los objetivos de acumulación de reservas y superávit primario, necesarios para destrabar un desembolso de u$s2.000 millones.
El nuevo acuerdo, firmado en abril por un total de u$s20.000 millones, establece que las Reservas Internacionales Netas (RIN) deben alcanzar los u$s-500 millones, partiendo de un déficit de casi u$s-4.900 millones a fines de marzo. Sin embargo, hasta el momento, el Banco Central no logró avanzar con compras en el mercado, y solo obtuvo u$s1.000 millones con la reciente colocación del Bonte 2030.

Ante este escenario, el Gobierno busca cerrar un nuevo préstamo REPO con bancos internacionales por otros u$s2.000 millones, con condiciones más favorables que operaciones anteriores. Mientras tanto, el ministro Luis Caputo insiste en que la prioridad es mantener el orden macroeconómico, aunque advierte que no forzarán medidas para cumplir metas si no hay condiciones de mercado que lo permitan.


