Tras las elecciones, el peronismo enfrenta múltiples focos de conflicto a nivel nacional. Los malos resultados dejaron heridas abiertas, especialmente en la provincia de Buenos Aires, donde la interna se reavivó entre el cristinismo y el kicillofismo. Mientras unos acusan a Axel Kicillof por la estrategia del desdoblamiento, otros responsabilizan a Cristina Kirchner por la planificación electoral.
En el PJ bonaerense, la disputa por la presidencia del partido amenaza con desplazar a Máximo Kirchner, como un gesto para reducir el poder del cristinismo. Intendentes y dirigentes locales presionan para tomar decisiones ante un contexto de alta conflictividad interna, mientras el mandato vigente vence el 18 de diciembre y aún no se convocaron elecciones.

El panorama se repite en otras provincias. En Salta, Jujuy y Misiones, las listas peronistas obtuvieron menos del 16% de los votos, reflejando la fragmentación del partido. En Salta, la intervención del PJ por parte de Cristina Kirchner generó agrietamientos y debilitó al peronismo local. En Jujuy y Misiones, las disputas internas dificultan la consolidación de un liderazgo sólido.
Incluso en Tierra del Fuego y La Pampa, la división interna permitió el avance de otros espacios políticos como La Libertad Avanza, mientras los líderes peronistas locales buscan redefinir su influencia y proyectarse hacia futuras elecciones. La situación evidencia una falta de unidad y conducción nacional en el partido, con tensiones que probablemente se extiendan en los próximos meses.


