Las declaraciones del jefe del Comando Sur de Estados Unidos, Alvin Holsey, contra la presencia de China en América Latina desataron una nueva tensión diplomática. El alto mando militar cuestionó que Beijing busca instalar infraestructura con posibles “usos duales” y expandir su “modelo autoritario” en la región.
La respuesta llegó desde la embajada china en Buenos Aires, encabezada por el embajador Wang Wei. A través de un comunicado, el gigante asiático reclamó a Washington que “reflexione, rectifique y respete la soberanía y la dignidad de los países de América Latina y el Caribe”.

En el texto, la representación diplomática denunció que “el militar estadounidense y otras personas vienen fabricando la torpe mentira de la 'amenaza china'”, y acusó a Estados Unidos de tratar a América Latina como su “patio trasero” con medidas como aranceles, deportaciones, despliegue de tropas, vigilancia y espionaje.
No es el primer cruce reciente entre ambas potencias en la región. Semanas atrás, el futuro embajador norteamericano en la Argentina, Peter Lamelas, había criticado los vínculos comerciales de provincias con China y pidió cortarlos, al tiempo que denunció un supuesto “sistema de corrupción” impulsado por Beijing.
Mientras tanto, el gobierno de Javier Milei intenta mantener un delicado equilibrio. Aunque su política exterior está alineada con Washington, reconoce que necesita sostener un vínculo pragmático con China, el segundo socio comercial del país y un actor clave en el swap de monedas y proyectos estratégicos como las represas de Santa Cruz.


