La plataforma de Netflix sigue sorprendiendo con producciones de gran calidad, y su más reciente incorporación al catálogo promete no pasar desapercibida. Se trata de "El hombre que amaba los platos voladores", una película argentina basada en hechos reales, protagonizada por Leonardo Sbaraglia y dirigida por Diego Lerman. Con una trama original y una puesta en escena impecable, esta producción busca posicionarse como una de las candidatas al Premio Oscar.

Una historia que mezcla drama, humor y creencias populares
La película, estrenada el pasado 18 de octubre de 2024, está ambientada en 1986 y se inspira en la vida del periodista argentino José de Zer, quien fue el responsable de crear el fenómeno alienígena más recordado en la televisión argentina.
En "El hombre que amaba los platos voladores", José de Zer (interpretado por Leonardo Sbaraglia) viaja junto a su camarógrafo Carlos "Chango" Torres (Sergio Prina) a La Candelaria, Córdoba, tras recibir una extraña propuesta de dos personajes misteriosos.
Lo que parecía ser un simple pastizal quemado en medio de los cerros se convierte en el epicentro de una producción audiovisual ingeniosa y ficticia que marcó un hito en la televisión nacional.

Reparto de lujo para una película inolvidable
La película cuenta con un elenco destacado que acompaña la brillante actuación de Leonardo Sbaraglia:
- Sergio Prina como Carlos "Chango" Torres
- Osmar Núñez
- Renata Lerman como Marti de Zer
- María Merlino
- Agustín Rittano
Por qué ver "El hombre que amaba los platos voladores" en Netflix
Con una duración de 1 hora y 47 minutos, esta producción mezcla drama, humor y un toque de mitomanía para narrar una de las historias más fascinantes de la televisión argentina. Además, el trabajo de Diego Lerman como guionista y director garantiza una narrativa entretenida y profunda, que invita a reflexionar sobre la manipulación de la información y las creencias populares.
La película no solo es un homenaje al talento de José de Zer, sino también un recordatorio del poder del ingenio humano para transformar lo cotidiano en algo extraordinario.



