La confrontación de Donald Trump con la Reserva Federal (Fed) alcanzó un nuevo punto crítico. En la noche del lunes, el presidente estadounidense declaró que destituiría de forma inmediata a Lisa Cook, gobernadora del organismo y primera mujer negra en ocupar ese cargo.

El gesto fue catalogado por analistas como un intento directo de debilitar la autonomía del banco central más influyente del mundo. “Si esta destitución se consolida, significará prácticamente el fin de la independencia de la Fed”, advirtió Lev Menand, profesor de Derecho en Columbia.
Cook respondió con firmeza que Trump “no tiene autoridad” para despedirla y adelantó que recurrirá a la justicia. Su abogado confirmó que buscarán una orden judicial preliminar, lo que podría abrir un proceso legal de gran escala y llegar hasta el Tribunal Supremo.
La reacción en los mercados fue inmediata. Los inversores se desprendieron de bonos del Tesoro a 30 años, elevando el rendimiento al 4,94%, mientras que el dólar perdió terreno frente a otras monedas.
El episodio se produce en un momento sensible: la Fed se prepara para un posible recorte de tasas de interés en septiembre, una decisión que Trump ha presionado públicamente en más de una ocasión.

Analistas económicos ven en este movimiento un paralelo con prácticas de líderes autoritarios de mercados emergentes que forzaron a sus bancos centrales a seguir sus políticas. “Erosionada la confianza, el costo para la economía puede ser inmenso”, señaló Lars Christensen, de la consultora Paice.
La batalla recién comienza. De prosperar, el mandatario ampliaría su influencia en la Fed y se aseguraría el control de la Junta de Gobernadores, en un momento en que la estabilidad institucional y financiera de Estados Unidos vuelve a quedar en el centro del debate.