COMERCIO EXTERIOR

Nuevas reglas para importar en argentina: beneficios, costos y riesgos

El Gobierno de Javier Milei avanzó con una apertura inédita en el sistema de importaciones. El plan busca atraer competencia, controlar la inflación y simplificar el acceso al mercado de cambios.

La política económica de Javier Milei trajo consigo un cambio radical en el esquema de importación. Desde febrero de 2025, con la eliminación del sistema SIRA y la puesta en marcha del SEDI, el país ingresó en una etapa de mayor apertura que incluye reducciones arancelarias, flexibilización del acceso a dólares y eliminación del Impuesto PAIS.

 

El nuevo modelo simplifica trámites y habilita mayores facilidades para las PyMEs, que ahora pueden cancelar importaciones en un único pago a 30 días. Además, se elevó a u$s 3000 el tope para compras por courier, con hasta cinco operaciones anuales por persona, y se estableció una exención de aranceles para consumos particulares de hasta u$s 400.

No obstante, el esquema exige requisitos. Quienes superen el régimen simplificado deben contar con inscripción en el Registro de Importadores y Exportadores de ARCA, un CUIT activo y domicilio fiscal electrónico. El proceso implica clasificación arancelaria, presentación de documentación comercial (facturas, listas de empaque, conocimiento de embarque) y pago de tributos como IVA, derechos de importación y tasa estadística.

 

Entre los costos asociados, los expertos advierten sobre cargos invisibles: seguros de carga, fletes internacionales, honorarios de despachantes de aduana, gastos portuarios y posibles ajustes por tipo de cambio. “Calcular bien estos factores es lo que define si un negocio internacional es rentable”, remarcó Lucas Bianchi, CEO de Interborders.

Pese a la liberalización, aún existen restricciones. Rubros como alimentos y bebidas requieren certificaciones sanitarias, mientras que los equipos eléctricos deben cumplir estándares de seguridad reconocidos internacionalmente. Productos como medicamentos, armas o materiales peligrosos siguen bajo prohibición estricta.

En paralelo, el Decreto 513/2025 introdujo cambios en el tratamiento arancelario para los bienes de capital, beneficiando a industrias como la metalúrgica, alimentaria, energética e hidrocarburífera. Desde el BCRA también se impulsaron medidas para agilizar el pago de importaciones y normalizar deudas con proveedores del exterior.

 

Si bien el Gobierno sostiene que estas reformas buscan dinamizar el comercio internacional y favorecer el crecimiento económico, algunas organizaciones como Fundar advierten que la apertura “sin paracaídas” puede afectar a sectores vulnerables como el textil, con impacto directo en el empleo local.

La gran incógnita es si la importación se convertirá en una oportunidad de expansión o en un salto al vacío para los actores económicos que no logren adaptarse a las nuevas reglas.