El uso de la tarjeta de crédito dejó de estar asociado al crecimiento del consumo y pasó a cumplir un rol defensivo en los hogares argentinos. Así lo señala un informe de D'Alessio IROL, que advierte sobre una fatiga financiera silenciosa en la población.
Según el relevamiento, la morosidad en tarjetas alcanzó el 8%, un dato que funciona como señal temprana de tensión económica. El estudio remarcó que el crédito se utiliza para estirar el mes, no para mejorar el nivel de vida, y que esa estrategia comienza a mostrar signos de desgaste.

El informe indica que el 35% de los argentinos tiene dificultades para afrontar deudas, especialmente de tarjeta, con mayor impacto en personas de entre 35 y 45 años. Además, dos de cada diez destinan hasta el 75% de sus ingresos al pago de compromisos financieros.
En ese contexto, seis de cada diez encuestados señalaron que mantener su economía personal es hoy más difícil que un año atrás. El ajuste dejó de ser transitorio y pasó a formar parte de la vida cotidiana, con un uso del plástico concentrado mayormente en pagos en una sola cuota.
Frente a este escenario, el 81% modificó sus hábitos de consumo, priorizando compras planificadas, búsqueda de descuentos y estrategias para ahorrar. La conclusión del estudio es clara: en la Argentina actual, la tarjeta funciona como puente de liquidez, pero ya no como motor de crecimiento económico personal.


