El Fondo de Estabilización Cambiaria (ESF, por sus siglas en inglés) del Tesoro de Estados Unidos volvió a ocupar un lugar central en la agenda internacional tras las declaraciones de Scott Bessent, secretario del Tesoro, quien señaló que el organismo evalúa distintas herramientas para brindar un eventual auxilio financiero a la Argentina. Sin embargo, al repasar la composición del fondo, queda claro que cualquier desembolso hacia economías emergentes, como la argentina, representaría un movimiento excepcional respecto a su tradición histórica.

Según los últimos datos oficiales, el ESF maneja una cartera valuada en u$s 219.400 millones. De ese total, u$s 23.500 millones corresponden a activos intragubernamentales dentro de Estados Unidos, mientras que los restantes u$s 195.900 millones son activos vinculados al exterior.
Dentro de este segmento, alrededor de u$s 5.700 millones están colocados en moneda extranjera y activos denominados en euros y yenes, en depósitos o inversiones de muy corto plazo. En tanto, u$s 173.700 millones corresponden a Derechos Especiales de Giro (DEG) del Fondo Monetario Internacional (FMI), un activo que funciona como canasta de monedas internacionales. Además, cerca de u$s 16.500 millones están invertidos en valores gubernamentales extranjeros a mediano y largo plazo, también nominados exclusivamente en euros y yenes.
Este perfil muestra que el ESF no mantiene activos en dólares fuera de EE.UU., ni posee exposición directa a monedas de economías emergentes, como el peso argentino. Su estrategia se centra en divisas fuertes y estables, lo que confirma su carácter conservador.

El anuncio de Bessent, sin embargo, abrió la puerta a un escenario inusual: la posibilidad de que el ESF compre bonos argentinos en dólares, una medida que ya se utilizó en 1995 para respaldar a México. Este tipo de operaciones requieren autorización política de alto nivel en Washington y se activarían en el marco de la estrecha relación bilateral entre la administración de Donald Trump y el gobierno de Javier Milei.
De concretarse, la Argentina se convertiría en una de las pocas naciones emergentes en recibir apoyo directo de un fondo que, hasta hoy, ha mostrado un comportamiento prudente y enfocado en sostener la estabilidad del dólar en los mercados internacionales.