Este fin de semana, Franco Colapinto afrontará una prueba especial y complicada cuando cuando dispute el Gran Premio de Azerbaiyán. Este es uno de los circuitos más largos en la historia de la Fórmula 1, ya que cuenta con una longitud de 6.003 kilómetros.
El piloto argentino, que ya conoce la pista, y logró sumar puntos la temporada anterior cuando corría en la escudería Williams, sabe que este circuito urbano posee algunas particularidades que lo hacen muy interesante.
“La curva del castillo”, la pesadilla de los pilotos
La denominada “curva del castillo” es la más reconocida de todas y consiste en un estrecho callejón: tiene solo 7,6 metros de ancho. Esto hace que sea prácticamente imposible pasar a un rival en este sector. Los pilotos deben entrar a esta curva en diagonal para no perder velocidad, ya que ingresan a unos 100 kilómetros por hora.
Entre otra de las cosas que tiene este circuito urbano es que resulta un gran desafío de velocidad y precisión para todos los pilotos. Su diseño, obra del arquitecto Hermann Tilke, combina tramos de alta velocidad con secciones técnicas que requieren precisión extrema y una concentración máxima.
El circuito de Bakú también ofrece una combinación única de largas rectas, donde los monoplazas alcanzan velocidades superiores a los 350 km/h, y secciones técnicas que requieren habilidades de manejo excepcionales. La recta principal, que bordea el Mar Caspio, es una de las más largas del calendario, permitiendo intensas luchas por adelantamientos.
La historia de Bakú en cada tramo
Por último, su trazado recorre no solo las calles de Azerbaiyán, sino también su rica historia ya que transita por el casco antiguo de la ciudad, declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO. Además, pasa junto a monumentos emblemáticos como la Torre de la Doncella y el Palacio de los Shirvanshahs.
Este contexto de historia y modernidad ofrece un espectáculo visual único, donde la arquitectura milenaria se combina con la tecnología de vanguardia de la Fórmula 1.

