Hace exactamente 39 años, el 6 de abril de 1986, el estadio de La Bombonera fue testigo de uno de los capítulos más memorables en la historia del fútbol argentino.
En aquel Superclásico entre River Plate y Boca Juniors, el Millonario protagonizó una jornada llena de emociones y polémicas, celebrando una victoria que quedaría grabada en la memoria colectiva.
El partido no era uno más. River, ya consagrado campeón semanas atrás, decidió desafiar las tradiciones al planear una vuelta olímpica en el estadio rival. La decisión no fue bien recibida entre los hinchas de Boca, generando tensiones y protestas antes del encuentro.

Norberto "Beto" Alonso, el icónico número 10 de River Plate, se convirtió en el protagonista indiscutible de aquel día. Con su emblemática actuación, Alonso marcó dos goles cruciales, uno de ellos con una pelota naranja diseñada especialmente para el partido. Este gesto, impulsado por el arquero de Boca, Hugo Orlando Gatti, fue parte de una estrategia para hacer frente a los tradicionales papeles blancos arrojados desde las tribunas.
"Lo de la pelota naranja me lo dijo antes del partido el 'Loco' Gatti, me avisó que íbamos a jugar con una pelota naranja por los papelitos blancos que no dejaban ver la tradicional pelota blanca", comentó el "Beto" Alonso.

El ambiente en La Bombonera era eléctrico. Desde el inicio, el partido estuvo marcado por la intensidad y la rivalidad entre ambos equipos. River, liderado por el técnico "Bambino" Veira, salió al campo decidido a celebrar frente a sus adversarios históricos.
El gol de Alonso con la pelota naranja, un cabezazo impecable tras un centro magistral abrió el marcador y desató la euforia en la parcialidad riverplatense. Sin embargo, más allá del resultado deportivo, el momento más significativo fue la vuelta olímpica. Ante la mirada de los hinchas de Boca y entre medidas de seguridad extraordinarias, el equipo de River completó un recorrido simbólico alrededor del campo.
Para Alonso y sus compañeros, aquel acto representaba más que una celebración: era un desafío a las normas establecidas y una afirmación de la identidad riverplatense en el corazón del barrio de La Boca.
"Veníamos dando la vuelta en todas las canchas, el gobierno nos había hecho saber que no quería que la demos en la Bombonera pero yo les dije a mis compañeros: 'A mí me sacan con los pies para adelante, pero la vuelta la voy a dar'. La sensación de dar la vuelta olímpica en esa cancha para un hincha de River es algo único", recordó Alonso.
El legado de aquel día traspasó las fronteras del fútbol. La pelota naranja, utilizada solo en la primera mitad del partido, se convirtió en un objeto de culto para los seguidores de River Plate. Actualmente, esa misma pelota descansa en el Museo River, luego de años sin tener rastros de su paradero, la “pelota naranja” fue donada por el árbitro Francisco Lamolina al club millonario.

Para los aficionados riverplatenses, aquel 6 de abril de 1986 sigue siendo un punto de referencia en la historia del club. Más allá de los títulos y los trofeos, fue un día en el que el fútbol argentino vivió una página inolvidable, donde el deporte, la pasión y la controversia dieron un espectáculo único y eterno en La Bombonera


